La música en tiempos de don Porfirio

#PeligroSóloBohemios Por Rodrigo De La Cadena Periódico LA PRENSA (OEM, domingo 20 Mayo 2018)


La relativa “paz porfiriana”, que comienza prácticamente en el año de 1876, cambia la perspectiva del México que ha recuperado su forma de ser y también busca darle a su arte un perfil propio que lo distingue del resto del mundo. Surgen los grandes compositores mexicanos y comienzan a instalarse las primeras academias musicales y destaca la presencia de algunos compositores europeos avecindados en México, quienes otorgan su contribución al desarrollo de un legado musical con características muy nuestras; producto de esa generación que todavía es difícil de definir, dadas las dificultades artísticas y económicas por las que pasaba el país, un México que prácticamente había vuelto a nacer después de la invasión francesa.

Desde 1860 se vislumbra esa prodigiosa generación que incluye a Felipe Villanueva, Manuel M Ponce, Gustavo E Campa, Juventino Rosas (seguramente el más popular de todos), El doctor Aniceto Ortega, el incomparable Ricardo Castro, el delicado Alberto Alvarado, el enorme armonista sonorense Rodolfo Campodónico y muchos más que incorporan su espíritu nacionalista a la música de nuestro país, aún amenazado por el riesgo de desintegración.

LA ÓPERA MEXICANA Como reafirmación mexicana Gustavo E Campa escribe su ópera “El rey poeta”, basada en la vida de Nezahualcóyotl, uno de los más conspicuos monarcas prehispánicos. Campa deslumbra incluso a los escritores españoles por el talento en su dominio del idioma y la poesía. Por otra parte Ricardo Castro es, seguramente, el mejor técnicamente preparado para la música. Nace en Durango y desde adolescente muestra sus grandes dotes pianísticas recorriendo el país y parte de los Estados Unidos. Corresponde a Ricardo Castro contribuir a la creación de la música mexicana con obras de asombrosa belleza tales como el “Vals Capricho” o su ópera “Atzimba” que narra la historia de una princesa purépecha. Mientras tanto, el talentoso doctor Aniceto Ortega, científico y médico, no se queda atrás en su aportación a este movimiento nacionalista a través de la ópera “Cuauhtémoc” que narra la resistencia heroica del último emperador azteca.

EL VALS MEXICANO

Recuerdo una anécdota que me contó mi amigo Alberto Ángel El Cuervo, ya que -como suele suceder con todo género nuevo- ante la aparición del vals, anacrónicos críticos, músicos conservadores y puristas de la época llegaron a calificar este género como “irreverente y diabólico”. ¿Simpático, no?Siempre pasa.

Mención aparte merece en este capítulo la deslumbrante capacidad y sublime concepción melódica del maestro Juventino Rosas, quien cobra fama universal con su vals “ Sobre las olas”, obra que ha sido objeto de disputas en diferentes partes del mundo que negaron la paternidad de este vals a su verdadero autor. Esta imborrable página musical ha recorrido la faz de la tierra, siendo interpretado en los escenarios más diversos, sin pasar por alto su notable presencia en el cine mundial.

No podemos referirnos al vals sin mencionar a Alberto Alvarado, quien obtiene inusitados éxitos con dos encantadores valses “Recuerdo” y “Río Rosa”, cuyo ingenio lo llevó a invertir el nombre de su novia Rosario, con la intención de que la familia de ésta (que lo rechazaba) ignorara la dedicatoria. También Alvarado fue el director de la pequeña orquesta que acompañó a la incomparable diva Angela Peralta en sus representaciones operísticas en toda la República.

Hoy me he referido, querido lector, solamente a unos cuantos de los grandes músicos que dieron a la etapa porfirista los encantos de sus melodías y las delicadezas de sus poemas. Hubieron, desde luego, muchos más, pero para finales del siglo XIX el pueblo mexicano ya se enorgullecía de tener sus propios exponentes de una música que calaba en lo más profundo de su sensibilidad y de esta forma el arraigo a nuestras raíces y a nuestro carácter fue cobrando fuerza en el espíritu nacional.

Pudiéramos decir que esas fueron las bases más sólidas de la recomposición del México que con lentos pasos y muchas angustias se iba encontrando a sí mismo. El porfirismo, con todos sus defectos, tuvo la virtud de darle orden y tranquilidad relativa al pueblo. México adquirió la confianza que había perdido y, después de ser el país de “salvajes analfabetas”, como nos concebían los pueblos más civilizados, eminentes artistas, arquitectos, maestros de música y artes en general se instalaron en nuestra nación para contribuir a desarrollar el talento nato del artista mexicano. La ciudad también sufrió transformaciones radicales en su aspecto provinciano y los grandes arquitectos y escultores europeos fueron los artífices de los grandes edificios y monumentos que hacían de México un país con la estructura necesaria para su pujante desarrollo ...Pero esa es otra historia.


Aquí mi acostumbrado TOP 10 de valses mexicanos:

1. Sobre las olas (Juventino Rosas) 2. Dios nunca muere (Macedonio Alcalá) 3. Recuerdo (Alberto Alvarado) 4. Alejandra (Enrique Mora) 5. Cuando escuches este Vals (Ángel J Garrido) 6. ¡Viva mi desgracia! (Francisco Cárdenas) 7. Olímpica (José Herrera) 8. Ojos de juventud (Arturo Tolentino) 9. Club verde (Rodolfo Campodónico) 10. Morir Por tu amor (Belisario de Jesús García)

¿Y cuáles son sus valses favoritos? Espero sus comentarios. Escríbame, yo siempre contesto rodrigodelacadena@yahoo.com

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