Reflexiones sobre la conservación del patrimonio

July 17, 2018


Por Rodrigo De La Cadena
#PeligroSóloBohemios (La Prensa, OEM, 15 Julio 2018).

 

Bienvenidos a México, el país en donde talamos un árbol para darle espacio a un cajón de estacionamiento. Hace algunas semanas me tocó dar un taller sobre Bolero mexicano en cierta universidad y quise hablar del centenario del natalicio de Consuelo Velázquez y, para mi sorpresa, la gran mayoría no sabía quién fue.

Hay algo muy deprimente en este país y es que las cosas se pierden, se difuminan. Miren ustedes, la pobreza -el subdesarrollo como se le llamaba antes- no es tanto que no se construyan cosas nuevas, si no que no se conserven las antiguas. Es exactamente la discusión recurrente que he tenido en diversas ocasiones con varios criterios en temas como, por ejemplo, sobre qué representa el culto a la juventud; en tener el ímpetu de la creatividad o el hábito de la conservación.

Para explicarme mejor, vayan a pasear por la Ciudad de México y verán que hay una increíble cantidad de construcciones nuevas. Increíble. Asombrosa. Al barrio donde vayan. Se construyen edificios y edificios... Esto tiene una faceta económica compleja porque esto es el “boom” inmobiliario basado en una pompa de jabón que es el crédito. Todo mundo pide crédito. El que compra el departamento pide crédito, hipoteca a un banco que éste, a su vez, pide crédito al constructor que pide crédito y entonces una red de créditos, en un momento dado, truena como le pasó a los gringos y a los españoles no hace mucho tiempo.

Entonces está lleno de edificios nuevos. ¿Y qué pasa con los edificios antiguos que están en la Ciudad de México? Pues están hechos unos adefesios, hallados en ruinas, sobreviven desechos. Vayan ustedes a la colonia Juárez a ver si no se les caen las lágrimas por las mejillas. Hagan lo mismo en Ciudad Universitaria, un conjunto extraordinario, magnífico, único en el mundo, que hoy sólo se ve bien si uno pasa por Insurgentes y lo ve “de lejitos”... La biblioteca majestuosa, la esbelta rectoría, la torre de ciencias. Cualquiera queda azorado; pero no se acerque mucho, no se les ocurra entrar porque está todo descarapelado, todo sucio, todo descuidado, desordenado. ¿Por qué debe de ser así? Hablo de la UNAM porque es nuestra casa de estudios pero hay mil ejemplos mejores.

La diferencia entre París y la Ciudad de México es que en París hay edificios del siglo XVIII en perfecto estado: Elevadores de reja con motivos “Art nouveau” que suben y bajan perfectamente, reparados y bien conservados. Hay un problema general que se llama MANTENIMIENTO y en este problema, esta imposibilidad de hacer que sobre las cosas antiguas se hagan nuevas sin necesidad de destruir lo antiguo, es un síntoma, no de potencia económica, sino de potencia cultural. Es muy triste que no seamos capaces de mantener.

¿Y a qué viene toda esta historia? ¿Porque les hablo yo de esto. Porque nos vemos encadenados a ir dejando un lastre convertido en basura que no se retoma. Por ejemplo, en Francia todos los niños saben quién es Tintín y quién es Astérix, aunque son publicaciones viejísimas. Saben quién es Becaud o Edith Piaf, aunque a lo mejor ya no existen físicamente pero sí existen en la memoria.

En la cultura están asociados a todo. En México los jóvenes ya no saben quién es “La familia Burrón” o “Los super sabios”, de igual manera ya no saben quiénes fueron Pedro Vargas o Agustín Lara. Les estoy hablando en chino cuando voy a las escuelas a dar conferencias y es que estos personajes representan fenómenos culturales de suma importancia ¡Por el amor de Dios!

Es muy difícil habitar “con todas las de la ley” la Ciudad de México si no se ha visto, consultado, leído o reído con la familia Burrón, si no se ha escuchado a Chava Flores... Es cierto que muchos libros, discos y material didáctico ha dejado de publicarse, esto no es algo que deba hacernos desgarrar las vestiduras. Todas las cosas, como la gente, tienen una vida media.

Rindamos pues un gran homenaje al patrimonio y a sus grandes próceres con esperanza, mirada concreta al futuro y acciones organizadas de la sociedad y las autoridades competentes.

En el caso de la música nuestra y el Bolero o canción tradicional, sucede que todo género envejece a medida de que envejecen quienes lo hacen y quienes lo escuchan. Entonces es necesario que haya una especie de replanteamiento. Es menester tener un espíritu de renovación.

Yo los dejo esta vez, queridos bohemios, con esta reflexión:

¿Qué quiere decir rejuvenecer? ¿Quiere decir tener ese espíritu inovador de la juventud o recuperar las mismas cosas que hacían nuestros ancestros en la suya? Es decir... ¿Yo rejuvenezco si empiezo a hacer cosas nuevas o si retomo las cosas viejas que yo hacía cuando era joven? ¿Rejuvenecer quiere decir rejuvenecer en el ánimo de innovar, de aprehender o quiere decir no permitir que aquellos componentes que caracterizan los tiempos idos se vayan con ellos?

En fin, queridos lectores, no olviden que espero su retroalimentación a través de mi correo electrónico, mismo que dispongo a ustedes como todas las semanas. Recuerde, yo siempre contesto. rodrigodelacadena@yahoo.com

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