La revolución del arte en México

July 17, 2018

 

#PeligroSóloBohemios
(Domingo 3 de Junio de 2018, LA PRENSA, OEM)

Por Rodrigo De La Cadena

 

Muchas cosas cambiaron en México una vez sustituido el porfirismo. La música también se adaptó a las nuevas corrientes y conceptos prevalecientes: el dulce romanticismo de la sociedad de fines del siglo XIX y principios del XX dio un giro de 180 grados. El encanto valsístico y la influencia de los grandes autores europeos, que mucho contribuyeron a la formación de una escuela mexicana de música, fueron cediendo paso a paso a nuevas manifestaciones inspiradas en los hechos más sobresalientes de los personajes que la rebelión armada fue creando. La nueva “grandeza mexicana” sumió en el olvido a los prominentes intelectuales formados a la sombra de la dictadura. El sombrero de copa o de bola, la chistera y el carrete, las prendas femeninas importadas de París, los guantes y perfumes, le dieron paso al sombrero de petate, el pantalón de manta y los huaraches que caracterizaron la vestimenta de los revolucionarios zapatistas. Los compositores encontraron motivaciones distintas para dar salida a su inspiración y su creatividad.

Personajes como Emiliano Zapata y Francisco Villa ocuparon sitiales de idolatría del pueblo y fueron las figuras centrales de un nuevo tipo de corriente musical mucho más cercana al espíritu popular y la esencia nacionalista.

El corrido encontró en Villa a su personaje ideal para la descripción del mexicano valiente, bravío, temerario en sus acciones y defensor de las causas populares. Con Zapata ocurrió algo similar y el sombrero de charro, el caballo y la pistola crearon la imagen del mexicano genuino.

El pueblo también dio su contribución a personajes reales o míticos forjados dentro del movimiento revolucionario: La mujer mexicana, la soldadera humilde, fiel y valerosa hasta la temeridad, quien configuró la personalidad de esta fémina tan distinta a las encopetadas damas del porfiriato.

Verdad o mentira, la Adelita, la Valentina, Marieta y otras mujeres de extracción eminentemente popular se constituyeron en los nuevos símbolos del más acendrado nacionalismo. Las batallas, los triunfos revolucionarios y las hazañas de figuras como los ya mencionados Villa y Zapata, el estratega Álvaro Obregón y tantos luchadores que dejaron familias, oficios y costumbres por defender el ideal revolucionario, fueron la temática habitual de una especie de renacer musical.

“La nueva grandeza mexicana” se nutre en los valores de su literatura, la poesía que inflama el sentimiento patriótico y que surge de una generación admirable en la que confluyen las inteligencias de Amado Nervo, Salvador Díaz Mirón, Manuel Gutiérrez Nájera y que, para no alargar el número de grandes exponentes, diríamos que culmina con la “Suave patria” de Ramón López Velarde y el “Credo” de Ricardo López Méndez (El vate).

Asoman, en pleno movimiento armado, los primeros atisbos de los creadores excepcionales del muralismo pictórico, cuya exaltación de los derechos civiles, las luchas entre el monopolio explotador de la fuerza de trabajo y el envilecimiento del obrero, víctima de sus propios vicios estimulados por el sistema esclavizante que lo convierte en paria de una sociedad creada para las satisfacciones y privilegios del capitalismo imperante, forman la motivación fundamental de la pintura mexicana encabezada por figuras de talla universal como José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.

En cuanto a la música de concierto surgen talentos incomparables. Silvestre Revueltas es la figura de mayor relieve en la música sinfónica que manifiesta el perfil nacionalista, pero también incursionan dentro de la misma corriente las figuras de Candelario Huízar, Manuel M Ponce, Carlos Del Castillo, Carlos Chávez, José Pablo Moncayo, Julián Carrillo, Blas Galindo o Raúl Lavista, quienes conceden a México un lugar prominente dentro de la cultura musical sinfónica.

En 1919, llamado el año del hambre, es difícil entender cómo figuras prominentes del arte vinieron a México y dejaron una profunda huella de su paso. Aquí cantó Enrico Caruso, el primerísimo tenor del mundo; la gran bailarina rusa Ana Pavlova deslumbró con el esteticismo de su calidad; los mejores cantantes líricos de su momento Titta Ruffo (barítono), Ricardo Stracciari (barítono), Rosa Raisa (Soprano), todos ellos estrellas de las mejores casas de arte del mundo, por increíble que parezca, triunfaron en México.

Aquí mi top 10 de obras y compositores de concierto posteriores al porfiriato:

1. Huapango (José Pablo Moncayo)
2. Sensemayá (Silvestre Revueltas)
3. Sinfonía India (Carlos Chávez)
4. Sones de mariachi (Blas Galindo)
5. Sonido 13 (Julián Carrillo)
6. Intermezzo (Manuel M Ponce)
7. Concertino para órgano y orquesta (Miguel Bernal Jiménez)
8. Surco - Poema sinfónico (Candelario Huízar)
9. Xicoténcatl (Estanislao Mejía)
10. Danzón No. 2 (Arturo Márquez)

Espero tu comentario. Yo siempre contesto: rodrigodelacadena@yahoo.com

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